Reglas básicas
Día 35, mes 4, rotación: Cirugía Adultos
Cuando alguien se enferma o cae en cama, siempre hay reglas básicas que adoptamos de nuestros padres y ellos de los suyos. Reglas que van de generación en generación y que se mantienen aún cuando la enfermedad se hace grave o hasta mortal.
Siempre dar ánimos al enfermo, decirle lo bien que se le ve jamás mencionarle que se le ve deteriorado o que cada día se le ve peor, llevar presentes como peluches, flores, tarjetas, etc. Y sobretodo, nunca llorar, siempre sonreír y mostrar optimismo en que las cosas se van a solucionar.
Todas estas creencias, con las que había convivido y crecido por años, se fueron al tacho aquel invierno del 2000 durante mi segunda rotación en Neoplásicas. Mi primera rotación ya había sido dura de por si, pues fue en el piso de niños, pero al llegar al área de adultos descubrí muchas cosas que no imaginaba sobre la manera de acompañar a un enfermo y sobretodo acerca de como despedir a las personas.
Marina
Ese viernes había llegado al piso una anciana llamada Marina. Era una señora de edad avanzada, de cabello castaño oscuro muy bien peinado, piel clara y tímidos ojos grandes, los que se escondían detrás de unos lentes marrones de luna gruesa. A Marina la traían echada en una camilla mientras lloraba de dolor y de miedo. Su llanto se relacionaba con terribles dolores en la columna y a su miedo ante aquello que estaba enfrentando por primera vez. Fue inevitable para mi ver a Marina y en ella también ver a mi abuela Ana, fallecida cuando tenía 8 años por cáncer y quien fue una de las personas que mas amé en mi infancia. Este detalle hizo que mi acercamiento a Marina tuviera un tinte mas personal.
Cundo le dije a Marina que yo era el psicólogo de planta me dijo que tenía mucho miedo, que nunca había estado sola y que tenía miedo por lo que podría pasarle También me dio que tenía miedo por su hija, a quien ella cuidaba porque tenía esquizofrenia y la había dejado sola al quedarse internada. Le dije que yo iba a estar a su lado, que confiara en mi y en los médicos. Y realmente lo sentí así, yo quería estar para ella y apoyarla pues en pocos minutos le había tomado mucho cariño a aquella señora de mirada temerosa. La sensación fue reciproca pues me dijo que yo le inspiraba confianza y que ya se sentía mas tranquila después de hablar conmigo. Le prometí regresar a buscarla el lunes y que mi mente estaba con ella. Me sonrío tímidamente y cerró sus ojos, los que cayeron adormecidos bajo el efecto del medicamento.
Todo el fin de semana estuve en Marina y por suerte el lunes llegó rápido. Después de los reportes matinales con el equipo subí corriendo a su cuarto. Sentí como una bofetada cuando al llegar vi que en su cama había otra persona. Me acerqué a la enfermera a preguntar por Marina y me dijo que ella había reaccionado muy mal a la operación , que se encontraba en cuidados intensivos y que estaba desahuciada. Al escuchar esa palabra las lágrimas corrieron hacia mis ojos pero se detuvieron ahí pues subí rápidamente a buscarla.
Sin palabras
Luego de ponerme las botas, guantes y mandil, ingresé al área de UCI y encontré a Marina. Esta Marina tenía poco cabello, pues parecía que se le había caído por mechones, y nada quedaba del castaño claro que ahora se había tornado blanco plomizo. Su rostro no era redondo sino demacrado y enjuto. Estaba cubierta hasta el abdomen por una sabana pero lo que me generó punzadas de dolor fueron sus brazos. Tenía en cada brazo diversas sondas por las que era alimentada y a través de su piel podía ver sus venas, su piel era casi transparente y sus venas se veían hinchadas y tan azules que se podían ver claramente. Tenía un respirador cubriendo su boca y al ver sus ojos cerrados decidí retirarme, cuando de pronto Marina abrió los ojos y me miró fijamente.
Me acerqué a ella. No era la misma Marina. Era una marina que había conocido el dolor y saber eso me lastimó de tal manera que me fue difícil disimularlo. Me acerque y le dije lo que se supone le decimos a los enfermos. Que pronto bajaría a piso y que conversaríamos de todas esas cosas de las que quería conversar y seguí hablando pero su mirada reflejaba cansancio y hasta parecía no estarme escuchando. Decidí quedarme callado y en ese silencio fue que comenzamos a comunicarnos por primera vez. Sólo nos comenzamos a mirar sin decir una sola palabra.
Nos quedamos así por varios minutos. De pronto comenzó a mirar hacia arriba, señalándome con los ojos en dirección al techo. Le pregunté si me estaba señalando al suero que colgaba arriba y movió la cabeza levemente indicando que no. Le pregunte si estaba señalando al foco del techo y me indicó que no, también moviendo la cabeza. Le pregunté si me estaba señalando al piso de arriba y me indicó que no. Y en ese momento supe a que se refería. Le pregunté si me estaba señalando a un lugar que estaba mucho mas arriba, en donde ella podría descansar y estar tranquila. Y mientras preguntaba sentía que el corazón paralizaba mis labios y mis ojos en un estremecimiento que combinaba tristeza e incertidumbre. Y Marina movió la cabeza afirmativamente. Y en sus ojos no había dolor, ni tristeza , ni el miedo que antes veía en ella. Sus ojos estaban tranquilos, seguros y hasta sentí que me miraba fijamente para adivinar lo que yo estaba sintiendo.
Y lentamente le comencé a decir que yo estaba con ella, que sea lo que sea que ella decida o suceda, yo estaba para ella y que la iba a acompañar en ese camino. Luego de eso no hubieron palabras, solo Marina y yo y nuestras miradas fijas el uno en el otro. Pasamos muchos minutos así cuando de pronto intentó decirme algo. Su calma se transformó en desesperación de querer decirme algo importante y no poder hacerlo. Sus ojos se movían de un lado a otro y gesticulaba inútilmente tras el respirador. La calmé y le dije que sea lo que sea que ella deseara comunicarme yo lo iba a descubrir pero necesitaba que ella se calmara.
En ese momento estuve intrigado acerca de que era eso tan importante que estaba turbando a Marina. Pero no fue hasta el día siguiente que lo pude descubrir (continuara)

Mi Huguito un excelente profesional, un tremendo ser humano, un gran amigo, súper orgullosa de que seas parte de mi vida ❤
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